Man with sousaphone stands against a teal wall

miercoles, junio 25, 2025 · Hermosillo, Sonora

Historia de origen

Cuando imaginé el 2023, me visualicé haciendo cosas familiares y predecibles. Programaría sitios web en el trabajo. Me iría de vacaciones a México con mi esposo, Hiram. Daríamos paseos para tomar fotos, y le pediría a desconocidos —muchos de ellos músicos— que posaran para retratos en la calle. En verano, trabajaría en mi jardín temprano por la mañana, intentando burlar al sol de Arizona para cultivar plantas que no fueran okra. Cuando el sol me venciera, iría en bicicleta a una cafetería donde disfrutaría del aire acondicionado y de la dulce distracción de un pastel de limón.

Sin embargo, no hice nada de eso. En cambio, empecé un nuevo trabajo y comencé mis estudios de posgrado en el Programa de Periodismo Bilingüe de la Universidad de Arizona. 

Man with sousaphone stands against a teal wall
Carlos ensaya con la tuba para una boda en la que actuará más tarde esa misma noche. Ensenada, Baja California, 26 de julio de 2023.

El nuevo trabajo me desafió a reflexionar sobre lo que distingue la región fronteriza de la noción popular de la frontera. Mientras tanto, trabajar a tiempo completo y volver a la universidad, me obligó a estudiar a tiempo parcial, algo que al principio me impacientó. No obstante, una vez a mitad del programa, aprecié el ritmo, ya que me dio tiempo para reflexionar sobre cómo podría convertirme en una escritor y fotógrafo más intencional, lo que era mi motivación para regresar a la universidad a mi edad.

¿Por qué ahora?

En los años posteriores a mi graduación en 1993 con una licenciatura en Lengua y Literatura Española, me había convencido varias veces de no cursar estudios de posgrado. Finalmente, dejé de pensarlo y me concentré en mi trabajo como desarrollador web. Pero cuando el dueño del estudio de diseño donde trabajé durante los últimos diecisiete años comenzó a prepararse para su jubilación y a cerrar el negocio, empecé a pensar en mis próximos pasos. Además de buscar trabajo, apliqué al Programa de Periodismo Bilingüe de la Escuela de Periodismo (BJP) de la Universidad de Arizona. El programa me atrajo como una forma de complementar mi licenciatura en español y de recibir orientación formal para mejorar mis habilidades narrativas en escritura y fotografía.

Mientras tanto, conseguí un trabajo con un contrato de dieciocho meses para diseñar y programar un archivo digital de obras de artistas, periodistas y organizaciones de justicia social en la región fronteriza entre Estados Unidos y México. Trabajar tiempo completo y estudiar sería un reto, pero también sería gratificante para mí usar mis habilidades de desarrollo y diseño en un proyecto que me apasionaba. Más adelante, también planificaría mi propio proyecto (este), que combinara historias orales y fotoperiodismo.

Me ofrecieron el trabajo casi al mismo tiempo que me aceptaron en el Programa de Periodismo Bilingüe (BJP). Como quería hacer ambas cosas, decidí estudiar tiempo parcial mientras trabajaba.

El proyecto de archivo digital «Recuperación de la Narrativa Fronteriza»

El proyecto «Recuperación de la Narrativa Fronteriza» (RBN) documenta historias de la región fronteriza entre Estados Unidos y México que van más allá de la línea imaginaria que domina los medios de comunicación y la percepción popular.

Diseñe y programé primero un sitio web para el proyecto y luego un archivo digital. El sitio web presentaba el proyecto, mientras que el archivo digital, disponible en el sitio web de las Colecciones Especiales de la Universidad de Arizona, pone a disposición del público las piezas donadas al proyecto en forma de exposiciones en línea.

El mayor desafío para mí como desarrollador del proyecto fue crear un archivo digital multilingüe y accesible utilizando el sistema de gestión de contenido existente. Tuve que aprender mucho sobre el software de gestión de contenido para archivos, cómo lo utilizaba el equipo de Colecciones Especiales y cómo, si era posible, podía adaptarlo para cumplir con los requisitos del proyecto.

Más allá de los desafíos técnicos, mi trabajo en este proyecto transformó mi concepción de la región fronteriza, una idea que tenía desde que comencé a viajar entre Estados Unidos y México en 1985.

Bellotas, sobornos y queso menonita

Todos tenemos una imagen mental de la frontera entre Estados Unidos y México. Casi siempre, está asociada con el crimen. La gente imagina escenas polvorientas filmadas en tonos ámbar, como las de las películas y series de televisión Americana sobre narcotraficantes. Piensan en cruces fronterizos y puestos de control con agentes aduanales uniformados de ambos países y soldados Mexicanos con chalecos antibalas bajo uniformes verdes y de camuflaje. Detienen los coches e intimidan con un sinfín de preguntas y exigencias: ¿Qué hacía allí? ¿Adónde va? ¿Cuánto tiempo se quedará? ¿Qué lleva en la cartera? Enséñeme las fotos de su cámara.

En cada ciclo electoral, los políticos estadounidenses posan frente a las alambradas y las barreras de hierro en la frontera para fotos y conferencias de prensa con el fin de convencer a los votantes de que son los indicados para calmar los miedos de un electorado aterrorizado por cualquiera que no se parezca a ellos ni hable como ellos en «La Tierra de los Valientes».

Y, por supuesto, una historia sobre un viaje a Rocky Point o San Carlos no estaría completa sin una anécdota sobre un soborno pagado a la policía de tránsito mexicana.

Sé todo esto porque también forma parte de mi experiencia y mis recuerdos. Trabajar en el proyecto RBN me ayudó a ponerlo en perspectiva, haciéndome reflexionar sobre qué es la frontera—a una hora al sur de Tucson y a tres horas al norte de Hermosillo— además de un límite internacional. Si todo ese peligro es lo que representa la frontera, ¿por qué yo (y millones de otros) seguimos cruzándola en ambas direcciones cada año?

Cuando pienso en la frontera, pienso en los viajes de domingo a Nogales, Sonora, con amigos en los años 80. Pienso en la comida. Pienso en los amigos que hice y las experiencias que viví cuando tomaba el tren de Nogales a Mazatlán, mucho antes de que siquiera hablara español.

La nostalgia por esos viajes en tren, a su vez, me hace recordar con cariño las hojas doradas de los álamos a lo largo de las vías del tren cerca de Imuris. Los trenes de pasajeros ya no circulan, pero cada año en Navidad, veo esos árboles desde la carretera de camino a visitar a la familia de Hiram en Hermosillo, y todo vuelve a mi memoria.

Pienso en las palabras en español que he aprendido a lo largo de los años en estos viajes, como bellotas, mordida y queso menonita.

Ahora me queda claro que, cuando pienso en la frontera, no pienso en la línea divisoria; pienso en la región fronteriza. La frontera es una definición geopolítica, mientras que la región fronteriza es una definición personal.

De vuelta a la universidad

Volver a la universidad a los 58 años podría haber parecido extraño si me hubiera puesto a pensarlo demasiado. Pero no lo hice. Quería el trabajo y quería volver a estudiar, aunque eso significará ser a menudo la persona de mayor edad en el aula, incluso mayor que el profesor.

Me incorporé al programa en el semestre de primavera de 2023, en el curso de producción de audio de Ruxandra Guidi. Además de enseñar a producir piezas para radio y podcasts, Rux animó a la clase—todos estudiantes de periodismo—a empezar a pensar en cómo el trabajo que hacíamos cada semestre podría contribuir a nuestros proyectos finales.

Empecé a pensar en los muchos músicos a los que había conocido en México y a quienes les había pedido fotos.

Durante el verano, completé el curso "Promoción de los Derechos Humanos a través de los Medios Documentales", impartido por la cineasta y profesora Beverly Secklinger. Fue un curso en línea gratificante y de ritmo acelerado, de siete semanas de duración, con lecturas obligatorias, ensayos y discusiones diarias con compañeros y la profesora Secklinger. Como en cualquier curso, uno obtiene lo que invierte. Fue una grata sorpresa, entonces, poder obtener aún más: cada semana, teníamos la oportunidad de participar en videollamadas con los cineastas y artistas cuyas obras estudiábamos en el curso.

Como proyecto final, Secklinger pidió a los estudiantes que sintetizaran los conocimientos adquiridos a partir de las lecturas del curso y las discusiones con cineastas y otros artistas para desarrollar una propuesta de proyecto de medios participativos.

Una vez más, pensé en los músicos mexicanos.

Man in red shirt and pants and black blazer and cowboy hat stands in front of a Casio keyboard
Lic. Rubén Solís González toma un descanso de una actuación en el Café Nueva Central en Ciudad Juárez el 7 de diciembre de 2015.

¿Cuáles son sus historias?

Eran las seis de la mañana del Día de Año Nuevo de 2011. Tomé un taxi desde la estación de autobuses de Nogales, Sonora, hasta el cruce fronterizo. Compartía el asiento trasero con la guitarra eléctrica del conductor. El conductor me contó que había tocado en un concierto la noche anterior y que había ido directamente a su trabajo de taxista. Durante un silencio incómodo, interrumpido por los baches, el conductor me miró en el retrovisor con una sonrisa. “Esa guitarra es mi mejor amiga. Siempre es importante empezar el año con buenos amigos”, dijo.

Carlos es un hombre robusto de mediana edad con ojos soñolientos, bigote y barba bien recortados, y antebrazos curtidos por el sol cubiertos de tatuajes azul verdosos. Destacaba contra una pared recién pintada de color turquesa, con los labios pegados a la boquilla de un sousafón plateado que descansaba sobre su hombro. Con cierta reticencia, hizo vibrar sus labios contra la boquilla y presionó las válvulas del instrumento, emitiendo algunas notas sueltas antes de detenerse y comenzar de nuevo. Hablamos durante menos de un minuto. Me contó que había llegado al norte con planes que no salieron como esperaba y que se había quedado varado en Ensenada. Nunca antes había tocado un instrumento, pero ahora estaba aprendiendo a tocarlo durante el día para luego actuar con un grupo en bodas y otros eventos por las noches.

Rubén vestía pantalones y camisa rojos a juego, botas puntiagudas de piel de lagarto de color amarillo brillante, un blazer negro y un sombrero de vaquero en una popular cafetería de Ciudad Juárez. Estaba frente a un teclado Casio e interpretaba canciones populares de música norteña como La camisa negra y Juárez es el número 1. Durante un descanso, hablamos, de nuevo, por muy poco tiempo. Rubén era abogado y actuaba en la cafetería por las noches. "Soy un abogado al que le encanta la música".

Cada vez, de vuelta en casa o en la habitación del hotel, descargaba las fotos y pensaba: "Seguro que tenía muchas historias que contar. Nunca las sabré".

Propuesta de proyecto

Para decidirme por este proyecto, me inspiré en la sensación agridulce de haber tomado fotos de las que me sentía orgulloso, a la vez que deseaba conocer las historias de las personas que aparecían en ellas.

En la primavera de este año, trabajé con mi asesora del programa, Jessica Retis, para formalizar este proyecto, Bordernote, como proyecto final de mi posgrado. Creé una propuesta de proyecto y un cronograma preliminar. Al principio, pensé en entrevistar y fotografiar a músicos en todos los estados fronterizos entre Estados Unidos y México. Luego, recopilaría las imágenes y las entrevistas, editándolas en relatos en primera persona de los músicos, al estilo de las historias orales de Studs Terkel sobre personas que hablan de su trabajo. Afortunadamente, la tarea de crear ese cronograma, basándome en mi experiencia previa de este año al poner a prueba mi idea en Puerto Peñasco, me hizo ver que necesitaría delimitar el alcance del proyecto. Consideraría este proyecto como el comienzo de una exploración continua de las historias de los músicos de la región fronteriza.

Comenzaría donde me encontraba, en Arizona y Sonora.